Nuestro voluntario Juan Rúiz en El Diario Montañes

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Estamos muy orgullosos de Juan, nuestro colaborador que sale en las páginas de El diario Montañes en el reportaje “Sacarle jugo al verbo vivir” y que a continuación reproducimos:

 

El cantante

“Yo soy joven y defiendo la juventud”

Nació en 1924. Es bueno empezar por ese dato. Para entender, por ejemplo, que la guerra le cogió cuando le hubiera tocado estudiar. Cuenta, entonces, que entre evacuaciones con su tía en Madrid, sellos que servían como monedas y camisas azules se volvió “un poco golfo, un bala”. Y esa travesura le explota en los ojos claros y en la juventud que lleva en su sonrisa de noventa años.

Es hasta emocionante ver sonreír a Juan Ruiz mientras enseña las caricaturas que dibuja o cuando muestra los libros que ha escrito y que guarda perfectamente encuadernados. El de poemas, el de sus experiencias durante la guerra y, sobre todo, el que recupera para la memora cada momento compartido con Puri. Un tesoro. “Fue en el verano de mil novecientos cincuenta y seis, año feliz para mí”, pone en la primera página… Puri falleció en el año 2000 y a Juan se le puso “triste la vida”. “Un día me encontré con una compañera, me dijo que no me veía bien y me llevó al coro de Unate”, explica. Así empezó todo. Cantar le gustó siempre, “desde niño, cuando se cantaban ‘los campanilleros'”.

Y aquello fue genial, “una terapia”. Cuando el director, José Ramón Rioz, se fue al Coro Amigos del Mar del Barrio Pesquero, se fue con él. “Son treinta voces maravillosas y treinta amigos que me han recibido con los brazos abiertos. Hombres marineros, amigos buenos… Cantamos y vamos a tomar algo a Los Pasiegos”. Insiste en poner eso y en que se levanta cantando. “Pego unas voces… Y aún tengo fuelle”. Grande. Como cuando habla de la Asociación Eulalio Ferrer o de su trabajo como voluntario en Proyecto Hombre. Lo mismo coger el teléfono que acompañar a los chavales al médico. “Me enganchó mucho eso porque era muy duro verles y el tratamiento… a pesar de que ahora no voy, no lo he dejado. Lo tengo presente. Sigo allí, aunque no pueda ir”.

Hay pasión en su voz. Cuando explica que friega los platos porque su hija Rosa llega cansada del trabajo -“ella me cuida muchísimo”- o que sus nietas, las hijas de Diego, “son buenísimas y me adoran”. “Yo soy joven y defiendo a la juventud, que no es la mía, pero les entiendo y les envidio”. Pero lo mejor es el sí rotundo que le sale otra vez por la sonrisa cuando le hacen la pregunta: Juan, ¿eres feliz? “Sí, mucho. Empezando por la mujer que tuve, mis hijos y todo lo que hago. Yo he tenido mucha suerte”.

 

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