El correo de una madre, no puedes leerlo sin emocionarte: “Mi experiencia en Proyecto Hombre Cantabria.”

Todas las familias que pasan por aquí dejan un legado de aprendizaje y vienen dispuestas a cambiar. Como muestra la vivencia de una madre, su hijo ha sido dado de alta terapéutica la semana pasada y queremos compartirlo con vosotros.
Solo podemos decir que, también hemos aprendido de ella y de toda su familia
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Asunto: Mi experiencia en PH
Hoy es 13 de Agosto de 2019
Hoy hace 14 meses y dos días que pisé este centro por primera vez.
Hoy, han dado el ALTA TERAPÉUTICA a mi hijo en PH, que ha hecho un proceso de tratamiento por una ludopatía (juego on-line y microcréditos). 
No es difícil para mí contarlo; lo difícil es ser breve. Lo contaré en primera persona.

No tardé en darme cuenta de lo erróneas que eran mis ideas preconcebidas: ni los ludópatas tienen un perfil determinado (mi hijo no encajaba en el mío) ni PH (Proyecto Hombre) es un centro de acogida para drogodependientes desahuciados.

El MIEDO fue el sentimiento que me invadió cuando se destapó el tsunami (así lo he llamado); miedo al desconocimiento, a la incertidumbre, a las consecuencias, a su futuro…, miedo, mucho miedo, y también incredulidad y un enorme sentimiento de culpa. 
Supe enseguida que yo no tenía recursos personales ni conocimiento para hacerle frente, y tuve la inmensa suerte de que una persona de mi entera confianza nos recomendase PH y de que mi hijo lo aceptase.

Para poder llevar esta situación, asumí que mi hijo tenía una enfermedad grave (yo creo que lo es, aunque no sea física).
Ya teníamos diagnóstico, y un equipo de profesionales… y sabíamos cómo era el tratamiento. Yo, … no confiaba mucho en el resultado (ni en mi hijo) y además lo veía lejano e incierto.

Enseguida oí hablar a los terapeutas, de “las tres patas”, sin las cuales difícilmente se puede superar una adición: la voluntad del adicto, los profesionales y la familia. Confieso que me pareció un “mantra”, que se repetía una y otra vez. Tarde tiempo en darme cuenta de lo cierto que es. Y ahora repito yo el mismo ”mantra” con absoluto convencimiento.

Mi hijo empezó su tratamiento, abrumado, asustado y muy abatido, por su propio sentimiento de culpa y por lo que nos había engañado, mentido y decepcionado.
Su pareja, asumió el control de su economía con una generosidad y una madurez extraordinarias.

Yo tarde un tiempo en incorporarme a los grupos de familia, no me apetecía compartir todo esto con desconocidos y desde luego no tenía ningún interés en conocer sus propios problemas, ni en oír hablar de recaídas.
Pero decían que yo era una de “ las tres patas”. Así que me incorpore al grupo. Tardé tiempo en conseguir que lo que contaban los otros padres no me añadiese angustia. Y tardé mucho más en hablar de mí. Las dos voluntarias que coordinaban mi grupo fueron pacientes, respetuosas y generosas conmigo. 

El objetivo de la terapia, no es solo que dejen el juego (dado que no tienen dinero, ni tarjetas ni acceso a sus cuentas, no es difícil); se trata de escarbar y saber qué les condujo a ese comportamiento de salir de su zona de confort, de aprender a controlar sus impulsos, de tomar las riendas de su vida, de organizar su economía…, casi nada.
A mí me parecía imposible que todo eso fuera posible, aunque siempre supe que él tenía muchas capacidades (escondidas en algún sitio) y que era un ser humano extraordinario. Así que yo, permanecía escéptica.

Aprendí y asumí la importancia de no saltarme las pautas económicas que se le impusieron. Ni un euro fuera de lo permitido. Tuve información puntual de los cambios referentes a su asignación económica, y el apoyo de los terapeutas de PH cuando lo necesité. Siempre salvaguardaron la intimidad de mi hijo, como no puede ser de otra manera, y eso me supuso mucha incertidumbre al no saber cómo evolucionaba, y tener poca información directa de mi hijo.

Yo pedí ayuda a mi médico de familia. Para este tipo de dolor, también hay tratamiento.

Los siguientes meses los recuerdo un poco planos. No pasaba nada bueno ni nada malo. Mi pensamiento era negativo, siempre negativo. Me ponía en lo peor. Y el desgaste emocional fue tremendo. Él, en cambio, empezó a hacer deporte con constancia, perdió unos kilos que le sobraban, no faltaba al gimnasio y cuidaba su dieta.

En diciembre me pidió que le acompañase a otra ciudad a correr una media maratón.
Y ahí, en ese par de días que compartimos… empecé a ver un poco de luz, aun con muchas reservas. Pudimos hablar relajados y con bastante confianza. Y dijo una frase que me hizo mucha gracia y que ahora utilizamos todos en casa: CUANDO ENTRAS POR LA PUERTA DE PH, SE TE QUITA LA TONTERÍA

En primavera, me llamo la terapeuta y me dijo todo lo que yo necesitaba oír, (con la discreción debida) y desde luego, no lo hizo para regalarme el oído. Ella, ha sido capaz de sacar lo mejor de él. Consiguió en 14 meses mucho más que yo en 30 años. Me contó que estaba haciendo un proceso de transformación fantástico, aportaba mucho a su grupo, había trabajado para oxigenar su relación de pareja, controlaba sus gastos, y daba cuenta de ellos con humildad. Ella estaba muy satisfecha, y yo… casi feliz. 
Aún faltaban un par de meses de terapia, pero había ya una fecha prevista para el alta.

Se podría pensar que la evolución de mi hijo es un milagro, pero no lo es. Es la consecuencia de un método de trabajo impecable, y mucha experiencia, de unos protocolos de actuación rigurosos, de un equipo de trabajo sin fisuras y del rigor que ponen en lo que hacen. Y de que todo ese proceso se sujetase en “tres patas” para mantener el equilibrio. En mi opinión, la pata fundamental, es la voluntad y firmeza de la persona que necesita ayuda.

Mi hijo ha madurado y ha crecido, es la misma persona, pero con menos debilidades y más fortalezas. De lo peor ha salido lo mejor. Y no tengo ninguna duda de que él, ES QUIEN MÁS HA SUFRIDO en este proceso.
Yo, tengo que curarme. Pero estoy tranquila, aunque creo que tardaré mucho en desconectar el radar. Muy orgullosa de mi hijo e infinitamente agradecida al equipo de profesionales: les “entregué“ a PETER PAN y me han “devuelto“ a SPIDERMAN.

Mi familia y yo no nos olvidaremos del equipo humano de PH.
Tienen nuestro reconocimiento y nuestro respeto.
Y siempre nos tendrán a su disposición

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